El único fin de la iglesia católica siempre será: sostener el capitalismo. 

31.05.2020

La primera vez que fui a Saraguro -al sur del Ecuador- yo tenía 10 años. Podría escribir aquí cosas distintas a las que acabo de pensar, pero prefiero contar simplemente del predominante color negro del vestido de las mujeres, algo que despertó mi curiosidad (lo del vestido no es causalidad). También sus sombreros, muy diferentes a los usados por otros grupos étnicos ecuatorianos. Tiempo después, con más curiosidad, comencé a investigar más sobre etnicidades. En la región hay aproximadamente 15.000 indígenas autodenominados como "saraguros", entre algunas de sus características; el vestido, el peinado, los pantalones cortos, su visión de la armonía y el respeto a su cosmovisión. Pero, en medio de un país largamente afectado por una severa desigualdad económica y étnica, es imposible no sentir indignación por la pérdida de esos valores, creo que a causa de los mensajes que desde el exterior y la visión de occidente, la globalización, y todos los proyectos de colonización religiosa y económica en América Latina han menoscabado la cultura de esta comunidad.

El desánimo personal que me produce eso, probablemente me invita a usar las palabras justas para continuar mi constante crítica al mundo católico. Me fijo en la palabra "transculturación" o en una palabra más precisa, el "blanqueamiento" de orden étnico, biológico y cultural como condición de la humanidad moderna (Echeverría, 2007). En el contexto que me interesa, bien se sabe que la identidad humana moderno-capitalista no ignora una "gracia divina" y de actitud puritana, algo característico en las sociedades conservadoras, quienes en un momento de la historia exigieron incluso la adopción de la religión católica como una condición para ser ciudadano y ajustarse a la lógica del "orden".

Mirando al pasado, la gente autóctona del área de Saraguro tiene sus propias expresiones religiosas. La religión católica, habitada en las frías paredes centrales de las plazas públicas y que se instala de igual manera en ciudades cercanas como Cuenca y Loja no es más que un arma de autovalidación que trata el mito de la salvación de los pecadores y es eje de poder económico y político. Un absoluto engaño perpetuado desde hacía ya varios siglos.

La tierra de Saraguro es considera un lugar sagrado por varios motivos: una cascada viva con poderes espirituales, es un espacio de comunicación con el Hanan Pacha (Mundo de arriba) y el Uku Pacha (Mundo de abajo), es un centro de alta concentración energética y de comunicación espiritual con los seres tutelares de la Pachamama, cerca vive una laguna de mucha historia, utilizada como un centro energético para los actos de energización y sanación espiritual. Lamentablemente, como consecuencia de la colonización y con el pasar del tiempo se ha producido una especie de sincretismo religioso, la población, ciegamente ha tomado la creencia de la presencia de la Virgen María. Como sucedió en muchos lugares de los andes, la auténtica espiritualidad del pueblo Saraguro fue y ha sido incomprendida por los colonizadores, quienes impusieron una religión "oficial". Este hecho provocó que los pueblos sometidos traten de mantener en la clandestinidad los valores espirituales tradicionales propios. Sin embargo, hoy ese proceso de superposición de la religión católica, sobre algunos elementos de la espiritualidad andina, hace que muchos se cuestionen si resulta útil creer en mitos, seres, iglesias y sujetos con sotana que en medio de una pandemia cierran sus puertas y se esconden tras sus paredes de oro robado.

No solo destruyeron y proscribieron los templos, los cultos y las doctrinas de las antiguas religiones mesoamericanas en el brutal genocidio al Abya Yala, también suman cientos los atroces delitos de la inquisición. La pederastia, el silencio y la permisividad frente a casos de abuso sexual a niños y adolescentes, los más descarados "legionarios de Cristo", congregación que abusó niños desde 1940. "Fielmente", la cuestión es que la institución católica dentro de su jerarquía nunca actúa conforme a la justicia, ni papas ni sacerdotes. Las mentiras, como las del culto a María, que ciega a cientos de habitantes de esta región hace que caminen tras un pedazo de roca tallado que lejos de milagrosa es bastante engañosa. Toda la cosmovisión andina de Saraguro es borrada en casi su totalidad por una ciudad de """blancos""" cuya creencia en María ignora por completo el origen de esa costumbre impuesta. Ahora, para insertarnos en el marco del mundo contemporáneo en "emergencia" y de esta forma promover la vigencia y sobretodo la funcionalidad; la religión católica ha dejado ver que "la Iglesia no hace nada" contra la pandemia, "salvo rezar", pese a que con el dinero del Vaticano o las limosnas de sus templos podría hacerse más, seguirán haciendo falta médicos, seguirán siendo menos útiles los sacerdotes y sus símbolos. La única labor de la iglesia siempre será: justificar y sostener al capitalismo.

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