La apariencia de ser completo Exposición fotográfica
El género, como la construcción social de la sexualidad, es también el principal referente que dicta y norma la formación del cuerpo como una relación social. El cuerpo es el primer instrumento del ser humano y el más natural, no obstante, a este le siguen una serie de actos de acoplamiento que se llevan a cabo no solo por el individuo sino con la ayuda de la sociedad. Aquí se podría enumerar una relación entre cuerpo y los símbolos morales, estéticos o intelectuales. Observémonos por un momento; mi voz, mi postura encorvada, mi corte de pelo, mis silencios, mi forma de comer, de fumar, la pintura de mis labios. Todos y todas adoptamos una postura permitida o no, "natural" o no, hecho que es símbolo de urbanidad de la vida normal y de las tradiciones que se nos imponen según los sexos, y ahí hay dos cosas que quedan inmediatamente claras y que además se dividen; la masculinidad y la feminidad - el sexo y el género. Con este enfoque y en sentido contrario, la estética fotográfica del artista propone un camino libre de analogías de la división sexual materializadas en las manifestaciones del cuerpo, se renuncia a la utilización pública de la mirada o de la palabra viril y se aprueba la mirada puesta en el vacío, se parece encontrar, en sentido bourdiano, una adopción natural al hecho de inclinarse, de doblar el cuerpo, de someterse, de utilizar los servicios cosméticos no como signos de distinción, cuestiones interpretadas colectivamente más para la mujer e inimaginables para un hombre sobre todo en los lugares públicos. Podríamos aducir, en defensa propia que las imágenes captadas por el lente fotográfico no intentan mostrar una suerte de dimensión erótica de los cuerpos, sino la dimensión social y cultural en torno al sexo, el género y el cuerpo. La apuesta, prosigue cuando el hombre retratado deja de ser víctima de la sociedad que habita y muda a un mundo sin dualismos asimétricos y de oposiciones binarias, se deconstruye la masculinidad a partir del uso del cuerpo y se adopta lo culturalmente femenino como algo cercano al hombre. Es evidente, que como hombre retratado, revestido de feminidades, ni el machete ni el arco son parte de su cuerpo, las heridas que estos le podrían causar no le trasmiten seguridad ni poder, ni fuerza. Desde esta metafórica argumentación, el retrato puede explicar la tranquilidad y la pericia que le produce usar el cesto de algunas alegorías antropológicas donde la feminidad reina, o un pinta labios como símbolo de la negación a rechazar la feminidad que representa su plenitud. En conjunto con los estudios que desafían las premisas más básicas sobre el género, el sexo y la sexualidad, en tanto que seres humanos fragmentados, él vive en sus espacios la apariencia de ser femeninamente completo y su verdadera libertad, el ser libre de toda atadura, el ser libre por liberar su estética y visibilizar su cuerpo invisibilizado por la retórica de lo "normal" y lo prohibido en público.

