Palabras de amor y justicia
Concluía la primera escena, esta era la quincuagésima vez que la veía. Esta vez bastaba, tome un cigarro y mire a mi alrededor, detuve mi mirada en la ventana y en el horizonte de la calle; no hacia ni el más mínimo ruido, volví la cabeza, la desolación era perfecta. Yo creía que jamás íbamos a tener escenas así, me levanté y pensé:
¡Yo no suelo pecar de mal agradecido! Pero resulta que hay cosas más terribles que encontrarse encerrado en casa.
Mirando al fondo con mi estilo hogareño y desdeñoso repetía:
¡Qué triste es ver a las ciudades abandonadas, los asientos de las escuelas empolvados, los patios vacíos!- Formas de amor extrañas que se tienen por los lugares a los que uno va desde pequeño y durante muchos años.
Resulta que hay cosas más terribles que encontrarse encerrado, mi casa tiene chimenea y un balcón. Pero recuerdo que mientras cambiaba rápidamente de canal escuche la voz de una mujer que vive en un pequeño patio de tierra con sus cuatro hijos, condenados por la misma sensibilidad ansiosa, pero mirando el sol mientras zumban los mosquitos en sus oídos, horas enteras mordiéndose los labios. Pero a pesar de todo, gracias al amor y la seguridad de su madre, no se borra la sonrisa de sus rostros.
Hay cosas más terribles, relataba una melódica voz en una emisora de radio que contaba los nuevos casos de violencia doméstica denunciados esta semana. Hice una pausa; destruir el amor romántico y los roles de género son claves para lograr igualdad en el amor.
Resulta que hay cosas más terribles. Pensaba en el profesor que prepara sus clases para sus niños que esperan ver el rostro de su maestro sentados frente a su computador. Entregando su tiempo, su amor, usando sus propios recursos, su vieja computadora, aunque mal pagado.
Y al final, caminando ligero rodeado de mis paredes rojas y verdes suspiré y pensé;
Cuando todo esto termine, ¿qué vamos a hacer?
Quizá ahí está el problema, quizá ahí está la solución a las cosas más terribles, cuando salgamos, y todos y todas miremos un poco más a la izquierda, transformemos nuestro corazón, entreguemos un verdadero amor, el de la justicia y la equidad. Como decía Neruda, "entre las sencillas gentes", cuando labremos el camino de un nuevo tipo de nación, sin discriminación y sin la exclusión que nos deja la propiedad privada. Hay mucho que hacer con la fuerza vital del amor, la misma fuerza inagotable del mate, del sol o del café; luchar por los derechos, poner el pecho a los problemas y vivir con la misma dignidad e intensidad con la que viven dos hombres o dos mujeres que sin temor se besan y aman en público, que abren sin miedo las puertas de la agresiva metáfora del encierro, el ocultamiento y la ropa vieja del closet
