Laura: TRAVA anónima
"Maltrato policial y humillaciones a la comunidad trans de Perú y Panamá durante la polémica cuarentena por sexo biológico", "El modelo panameño de segregación por sexos durante la cuarentena por el coronavirus se está extendiendo a más países entre las protestas de la comunidad gay", "Policía condena maltrato a transexuales en cuarentena Covid-19", "Organizaciones de personas trans rechazan medida de pico y género", "Sin trabajo ni comida y marginadas, las mujeres trans resisten los embates de la pandemia", "Trabajadoras sexuales en Quito: entre lo clandestino, las redes sociales y la sobrevivencia al coronavirus". De nuevo, el miedo está latente y de hecho, estos mensajes no hacían sino incrementar el desasosiego y la angustia de Laura, también le importaba que estos mensajes de los medios de comunicación no necesariamente estaban en contra de la discriminación, no proponen nada, solo replican el malestar de muchas mujeres trans, por lo que su sentimiento de temor ahora es presumiblemente mayor.
Después de leer todos esos titulares en su celular, Laura se ajusta la mascarilla para encarar las calles después de atravesar el poco alentador vía crucis de ser una mujer trans que habita las calles de Quito durante la pandemia. Los titulares de los periódicos no la ayudan. El trabajo en estos días es bastante escaso, no le alcanza ni para comprar unos porotos.
Caminaba por la calle Junín. Mientras sus tacones rojos, algo viejos, sonaban al entrar en contacto con la calzada empinada de las calles quiteñas, pensaba en las noticias que le llegaron esta mañana. Especialmente en el último titular "la sobrevivencia al coronavirus". Laura quiere relatar en tercera persona su experiencia durante la pandemia. Lo curioso es que su voz, además de recoger vivencialmente parte de lo que dicen los reportajes del inicio, encuentra algo más llamativo que contar; el amor y el compañerismo que le acompañan en su aventurada sobrevivencia al coronavirus.
No es un día inusual. Como siempre, el centro histórico se desparrama de vendedores ambulantes, policías, agentes metropolitanos, desempleados, una gran masa de trabajadores y las prostitutas. El "puesto" de Laura tiene en frente un estacionamiento de bicicletas, en la esquina un supermercado y en la otra, la parada del transporte público. Allí se dirige todos los días, a veces temprano, a veces muy tarde. Laura sabe que cada jornada es distinta y que con la velocidad de cada bicicleta que sale de la estación puede tener un nuevo "turno". A veces también reza para que no le roben. Esa es parte de su rutina desde hace diez años, sin embargo, ahora agrega un nuevo código a su trabajo "metro y medio de distancia", algo imposible para ella.
Laura es una de las tantas trabajadoras sexuales que se arriesgan y salen a trabajar durante la cuarentena, si no trabaja no paga el alquiler, tampoco tendría para comer. Aunque comparte su piso con más compañeras, y eso es una ayuda, en este momento la subsistencia se vuelve crítica. El ambiente de su barrio, también es complejo, muchos vecinos son gente "vulnerable" y el miedo al contagio es inevitable. Laura ya recibió una noticia, una amiga dio positivo y a los días murió: tenía un poco más de cuarenta años. No habla sobre este virus, sino de otro, el VIH, aunque cree que murió por el primero. Desde su casa, donde ha construido una forma especial de habitar, siempre relacionada con sus otras compañeras, al margen de los derechos humanos, del trabajo, de la salud y presa de una sociedad que educa para la vergüenza, ella y sus compañeras se ayudan mutuamente, los pocos centavos de sus carteras sirven para compartir los alimentos y almorzar juntas, aunque sabe que si no trabaja, la comida puede faltar.
En el pasado, Laura ha tenido gripes, y ha salido a trabajar, ahora con las restricciones de movilidad adecúa su horario de trabajo, pero como es de costumbre quien se acerca es para insultarla, incluso la fuerza pública, ahora muchas veces más. Si fuese como en Panamá o Perú, tuviera que soportar largas horas de humillación, lo dice riendo un poco.
Con el mismo tono, Laura dice que también ha implementado el "teletrabajo", las redes sociales o las videollamadas con contenido erótico por celular le han servido para agregar algo de dinero a su bolsillo. Se siente un cierto optimismo respecto a la sobrevivencia al coronavirus, el mensaje claro de Laura es que nadie se salva sola, para ella, hoy es #quédateafuera. La valentía de varios años de lucha, sola y en la calle la motiva a enfrentar esta pandemia, también sabe que tiene a sus amigas. Sus días han sido; cambiar de horario, salir, entrar, salir nuevamente, ver las calles desiertas, preocuparse, soñar, agradecer a la vecina que le regala un "buenas tardes" y una libra de arroz. En casa sabe que esto es de valientes, a lo lejos ellas se abrazan, se motivan, saben que para ellas, esto no se arregla con alcohol en gel.
Laura, sueña con que esto termine, con cambiar de trabajo. Al retornar, anhela conquistar el mundo, ir a la universidad, besarse por amor en público y tomar una cerveza con una canción latina de fondo sin que nadie, absolutamente nadie la mire, pues Laura se siente agotada de las miradas de la gente que le pesan desde hace ya 10 años. Al final, con un suspiro y con su singular tono de voz, Laura dice; en las miradas, tampoco funciona el metro y medio de distancia.
