DON CÉSAR CALLE:
Resguardado bajo la lluvia de la mañana, César Calle se encuentra sentado en una esquina de su nuevo hogar. Con la única seguridad de tocar dentro de sus bolsillos el único bien material que tiene en ese lugar, un pequeño radio a pilas que la "señora" le había regalado para acompañarse con sus melodías. Así está César, rodeado de ancianos listos para la rutina de todos sus días.
Él forma parte de los 37 adultos mayores que viven en el centro de cuidado "Rosa Elvira de León", que tiene como base principal el cuidado del adulto mayor; bienestar nutricional, médico y mental son sus objetivos, indicó Carmen Quinteros, enfermera. Dentro de ese objetivo se encuentra César, que con sus 84 años de edad, enfrenta su vida diaria entre sombras, pues las cataratas oculares que le diagnosticaron no le permiten ver con normalidad. Sin embargo, dentro de su escala geriátrica que según Quinteros, comprenden las actividades diarias como comer, asearse, acostarse y levantarse, César tiene una buena calificación, frente al resto de adultos mayores que en mayoría presentan cuadros de dolores musculares, lumbalgia, artrosis, demencia senil y esquizofrenia.
César recuerda haber sido un buen futbolista y agricultor, jamás se casó ni tuvo hijos, y fue a partir de la depresión por la muerte de su madre que desde joven empezó a enfermar. Mientras tanto, él continúa su nueva etapa realizando todas las tareas que día tras día le asignan junto a sus demás compañeros en el acilo de ancianos. Las actividades empiezan desde las 7 de la mañana, cuando las enfermeras se encargan de trasladar a cada anciano desde sus cuartos que en su mayoría tienen tres camas cada uno, hacia el patio principal del acilo para comenzar con los ejercicios motrices y otras actividades médicas, sin embargo, la jornada de Cesar empieza una hora después, momento en que las enfermeras lo trasladan desde el segundo piso hacia el patio ya que por su ceguera no puede bajar solo los escalones ni saber cuándo ya es de día.
Luego del desayuno; una taza de café y dos galletas en el comedor o en el patio, los ancianos son aseados antes de empezar las respectivas actividades físicas y la terapia ocupacional, algunas de estas comprenden caminar, subir gradas, levantar botellas con tierra, contar latas, armar fichas, y otras manualidades que los mantiene ocupados hasta las 17:30, antes de esto, César recibe su atención fisioterapéutica; en una camilla se le proporciona un masaje y compresas calientes, cuenta que no tiene ropa y que "la señora" su ex patrona le dejo allí hace cuatro meses, no tiene casa, que necesita cordones para sus zapatos, un par de pilas nuevas y que ya no quiere envejecer. Después de esto, empieza la cena, para que a las 18:00, César y sus sabios compañeros se acuesten a dormir y esperar el siguiente día.
