Homo-arroyito de agua

01.06.2014

De subida por las tantas escaleras que agitan mi corazón, cuando subo de casa a la ciudad, recordaba la última noche. Y decía mientras te cantaba; 

me veo oculto tras las ansias de descubrirte, sin saberte en una esquina preguntando a dónde van en voz baja, eludiendo la única pretensión obscena y maravillosa que tu forma desataba en los placeres de mis pensamientos, en ese instante mi instinto alborotado de tanto mirar, de mirarte, imaginándote fundido sin reproches dentro de mí. Más aún después de la primera vez que roce esos labios, sin límites entre paredes oscuras y un ruido musical sinvergüenza.

Tropezándome, no por los cantares de una bohemia e irreverente noche, tropezándome por el delirio de tus formas, por las imágenes creadas y algo enloquecidas de tu cuerpo respirando junto al mío.

Ahora espero la noche, mientras mi espalda reclina, mis males se excitan oyendo tus pasos, me quedo sentado, ahora admiro mejor cada forma, ahora se ve más claro, cuando yo termine por contemplar, al contemplarte, cuando tú termines, cuando tú acabes sin límites por el momento que tocaste, muy adentro, tan adentro que ya no creo más. Ahogándome con tus aguas vivas, condenado por el amor que recibo de ellas. De las formas que tu nombre y tu reflexión encarnada encumbra.

Adelante, con tu ritmo nuestras voces se juntan otra vez, no importa el dolor de unos tragos que a un hombre desmayó, sus placeres van siendo, los dolores van despareciendo con el fresco viento de tu calor, que de pronto al caminar de tu calma los encubre. Adelante, dispón de mi par de rosas blandas, redondas y de aroma, acércalas al néctar que de ti brota, a veces no toques, a veces para, pero aleja ello de mi mente. Ahora más de prisa. Desde la verde distancia regresa, déjame escucharte, déjame escuchar tus letras, aliméntame como aquel caníbal al beso de tu boca, sí, come, consume de mi ser mientras voy jugando con el inocente vello de tus dos olas que golpean mi cuerpo cuando te tengo dentro. Detente, cerrando los ojos anhela, quiero verte, quererte, voy, pero quédate, aún más días, catorce quizá quince. Aún hay tiempo, cinco minutos más. Tengo que volver a resbalar mis manos por el calor de tu cuerpo, de oler igual, a algo santo; a un mensajero libre, a saborear con mi boca y jugar con mi lengua por las ideas de tu cabeza goteando vida. Sí, ahora tú eres quien se infiltra como el agua, sigo contemplándote mientras haces más grande mi pequeño corazón. Pero date prisa, puntual te reencuentro y te recuerdo de nuevo, frente a un hombre de piedra te abrazo, te beso, te deseo.

Ahora voy con ella, caminando, diciendo todo listo en suaves voces desde un balcón, esgrimiendo a gritos la fuerza de tus brazos que se anhelan. ¿Te he amado por última vez? No respondas, quizá mañana volare a buscar solo por la ventana tu viaje, un corto viaje de abrazos en autobús que terminan reunidos, jugando con la brisa de nuestra existencia, de oír una vez más tus pasos, de probar una vez más tus aguas, de arder contigo dentro, en uno. Y explotar un crudo color blanco, explotar sin medidas sobre los cuerpos ya mojados y adornados con un cristal de sábila que nos desliza. Solo entonces, solo entonces dejare de estar oculto, un patrón y un capataz ya desvanecidos, y tras las ansias de descubrirte, preguntarte nuevamente en voz baja, por favor. ¿A dónde vas? A dónde vamos...

Share
© 2016 La libreta azul | Todos los derechos reservados.
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar